«…el fermento del rencor, la rebelion de los reproches, la premeditación del desquite, ¡la implacable amenaza que ruge en el fondo del corazón, ecechando el desquite o alimentándose de estéril amargura!»
Retablo s. XVIII, No 2 (en Templo de Nuestra Señora de Belen)